Después de la II Guerra Mundial, el poder de la
Europa colonialista, la que se había repartido África, ya no resultaba tan evidente. Los imperios
coloniales se fueron desarticulando, y
los pueblos sometidos vieron una oportunidad de librarse de ese yugo. En
consecuencia, los hombres de los pueblos africanos que habían sido incorporados
a los respectivos ejércitos, tuvieron una visión más amplia de la realidad más
allá de los límites del continente africano, por ejemplo, de su importancia
como proveedores de materias primas y compradores de la producción de las
potencias. Eso amplió sus grados de libertad y les proporcionó una perspectiva
acerca de la posibilidad de lograr la independencia de sus pueblos. Una
transformación ideológica de los pueblos otrora aplastados por el poder
colonial empezó a generar una tensión entre ambos. Empezaron a nacer los movimientos
nacionalistas en África.
Ya en 1944 La Carta de las Naciones Unidas, recién integrada, había establecido, entre otros puntos, que sus propósitos son: “Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”; y que “Los Miembros (……), se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, (…)”.
En base a la información de las organizaciones
misioneras que pusieron en evidencia abusos y sometimientos en los territorios
coloniales, la encíclica papal “Pacem in Terris” en 1963, tiempos de
Juan XXIII, estaba orientada, no sólo a la recomendación de la búsqueda de la
paz mundial, sino también al aseguramiento de la libertad de todos los pueblos. También a partir de la desaparición del comercio de
esclavos, comienza una transición demográfica y un crecimiento de la población
urbana.
Como se puede ver en los mapas, entre 1880 y 1940,
África sufrió el efecto de la colonización europea (ver mapas en siguiente posteo).
Y con esa situación de base, desde la II Guerra Mundial,
se produce una fragmentación de los territorios coloniales y empieza el proceso
de independización.Este proceso fue dándose gradualmente y no siempre
de manera ordenada. Lo más importante es que no siempre se respetaron las
verdaderas nacionalidades y los límites de los nuevos países resultaron ser
arbitrarios en muchos casos. Por ello, desde la II Guerra Mundial y hasta el
presente, África sigue siendo un escenario inestable política y socialmente,
donde los enfrentamientos tienen orígenes diversos: la recuperación de los nacionalismos
y antiguas culturas, que fueron fraccionados en la creación de diversos países;
la religión, como el Islam, atravesando distintas culturas, y que pretende la
unificación y fragmentación de culturas y países; y la influencia
neocolonialista de las grandes potencias sobre los países en desarrollo (antes la
Unión Soviética y luego Rusia y Estados
Unidos influyendo sobre las luchas entre los países africanos).
Según ciertas fuentes reservadas, ya desde 2011 Estados Unidos estaría estudiando seriamente construir bases militares en África, entre otros lugares, para controlar el avance de ISIS. La idea sería hacer crecer el poderío militar norteamericano en África a través de la presencia de bases y efectivos -que ya en esa fecha superaban los 450.000 hombres--.
Lo cual no es una novedad sino una vuelta de tuerca a la política neocolonialista de Estados Unidos en África, que desde 2007 ha ido “in crescendo”, con un número de bases secretas desconocidas, que incluyen aquellas que operan drones. Las bases que se proponen actualmente fundamentalmente reunirían información de inteligencia y realizarían ataques aéreos sobres bases de terrorismo yihadista. Este plan no tendría todavía aprobación de la administración Obama.
Según ciertas fuentes reservadas, ya desde 2011 Estados Unidos estaría estudiando seriamente construir bases militares en África, entre otros lugares, para controlar el avance de ISIS. La idea sería hacer crecer el poderío militar norteamericano en África a través de la presencia de bases y efectivos -que ya en esa fecha superaban los 450.000 hombres--.
Lo cual no es una novedad sino una vuelta de tuerca a la política neocolonialista de Estados Unidos en África, que desde 2007 ha ido “in crescendo”, con un número de bases secretas desconocidas, que incluyen aquellas que operan drones. Las bases que se proponen actualmente fundamentalmente reunirían información de inteligencia y realizarían ataques aéreos sobres bases de terrorismo yihadista. Este plan no tendría todavía aprobación de la administración Obama.
Dicho plan sigue las directrices de la política
militar conocida como la "estrategia del nenúfar", que consiste en
crear una multitud de bases relativamente pequeñas secretas u disimuladas.
No sólo Estados Unidos, todas las grandes
potencias, incluida China, miran con codicia todo el continente africano y sus
riquezas, pero África ya es mucho más que un continente, es una multitud de
países que están recuperando sus culturas. El Panafricanismo se alza lentamente
como una construcción propia que pretende generar anticuerpos contra cualquier
clase de colonialismo.
Referencias:
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