miércoles, 15 de julio de 2015

El Kebra Nagast


Cada hombre educado en Etiopía considera que el Kebra Nagast o el “Libro de la Gloria de los Reyes” contiene la verdadera historia del origen de la línea salomónica de los reyes en Etiopía, y es registro de la historia de la conversión de los etíopes de “la adoración del sol, la luna y las estrellas a la del Señor, Dios de Israel”. Según el Kebra Nagast, Menelik I, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba, fue el fundador del Imperio Etíope.
La mayor parte de la narración del Kebra Nagast se basa en leyendas y tradiciones, algunas muy antiguas y derivadas de diversas fuentes que se remontan a la epopeya de Gilgamesh, al Antiguo Testamento, en sus interpretaciones hebreas, arameas y árabes; incorporando libros apócrifos, y al Nuevo Testamento. El objetivo del autor o compilador del Kebra Nagast, más allá del propósito original, era glorificar a Etiopía mediante la narración de la historia del establecimiento del “Sión espiritual y celestial”, en la forma del Tabernáculo de la Ley del Dios de Israel, -por voluntad propia- en Etiopía, y para dejar claro que los reyes de Etiopía eran descendientes de Salomón, hijo de David, rey de Israel, y a través de él, de Abraham.                                      

Según esto, el pueblo de Etiopía sería especialmente elegido por Dios para convertirse en el nuevo hogar material del Sión celestial, del cual su pueblo escogido, el hebreo, se había vuelto indigno. Este Sión existía originalmente en una forma inmaterial en el cielo, donde era la morada de Dios. Moisés hizo, bajo la dirección divina, el Tabernáculo las Tablas de la Ley. Cuando Salomón terminó de construir su Templo, Sión se estableció en el Santa Sanctorum del mismo y ahí Dios daba a conocer sus mandatos al rey cuando visitaba el Templo.

Cuando Makeda, la llamada Reina de Saba, llegó a Jerusalén decidida a plantearle a Salomón una serie preguntas, fue recibida espléndidamente. Quedó impresionada con la hermosura de su persona, y con la elocuencia de su discurso, pronunciado en voz baja, musical y agradable y con piedad y sabiduría. Pasó varios meses en Jerusalén como invitada del Rey, y una noche después de un  espléndido banquete que Salomón dio en su honor, la hizo su esposa. Cuando Makeda supo que estaba embarazada, se despidió de Salomón, quien le dio un anillo como símbolo, y regresó a su propio país, donde nació su hijo Menelik. En la literatura etíope este hijo es a menudo llamado "hijo del hombre sabio".

Cuando el niño alcanzó la edad adulta la historia cuenta que Makeda le dio el anillo de Salomón, y lo envió a Jerusalén a buscar a su padre bajo el cuidado de su hombre de confianza, el mismo que le había dado noticias de la existencia de Salomón. A medida que Menelik se aproximaba a Jerusalén, las personas lo reconocían por su parecido con Salomón y le rendían honores dignos de un rey. Cuando se encontraron, padre e hijo se abrazaron; Menelik no necesitó mostrar el anillo que le había dado su madre: Salomón proclamó en seguida su filiación, lo hizo vestir con ropas reales y sentarse en el trono real con él.

Sin embargo, había un propósito oculto en ese viaje, y era mantener al Dios de Israel con ellos, y para eso, Menelik y los suyos robaron el Tabernáculo. Uno de los conspiradores que tenía acceso a la cámara en la que se encontraba el mismo lo sustituyó por una construcción en madera exactamente del mismo tamaño y forma. El robo no fue descubierto hasta que Menelik y su comitiva se hallaban en camino hacia el Mar Rojo, y aunque Salomón envió sus veloces jinetes para cortarles el paso, los ladrones lograron escapar. En Etiopía, Menelik y el Tabernáculo fueron recibidos con gran regocijo y Makeda abdicó en favor de su hijo.

Menelik estableció en Etiopía un reino basado en las leyes de Israel, sus reglas y regulaciones sociales por lo que recibió el nombre de gran Legislador.

Esto los convierte en un pueblo de tradiciones judías.   

Los semitas, descendientes de Sem, hijo de Adam, que se asentaron en la llamada Abisinia se convirtieron en mercaderes y comerciantes. Los que se establecieron en y alrededor de Aksum eran conocidos como los “libres” y hablaban “ge’ez”, una lengua hoy reconocida como etíope.       
Aksum está ubicada en la alta Abisinia; los semitas de la baja y media abisina hablan la lengua llamada “amárico”. Los abisinios en ese período no tenían literatura.  

Pero tras una larga historia de luchas que llegan hasta la primera mitad del siglo IV de nuestra era, Abisinia adoptó el cristianismo, y con él, la literatura.

Con base en Hechos 8:27, que se refiere a un “eunuco de gran autoridad bajo Candace reina de los etíopes”, el Kebra Negast también hace referencia al Nuevo Testamento. En una versión más reciente, se destacan las profecías del Antiguo Testamento que se refieren a la venida del Mesías y se dedica mucho espacio a la Virgen María, citando numerosos pasajes del Antiguo Testamento.                  

Independientemente de los contenidos del Kebra Negast, Etiopía fue una de las primeras naciones en convertirse al cristianismo.  

Una nación africana, cuya capital es Addis Adeba.   


Referencias


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